Daniel Fortea Guimera

En la casa que actualmente ostenta el nº 20 de la calle de la Virgen del Adyutorio, en Benlloch, nació el 28 de Abril de 1878, en el seno de una familia humilde, Daniel Fortea Guimera. 

Cuarto hijo del matrimonio formado por D. Ramón Fortea Gallén y D.ª Dolores Guimera Salom (foto).

Don Ramón era maestro de primeras letras, o sea, el antiguo maestro nacional, que desempeñaba sus funciones pedagógicas con gran vocación y dedicación total y absoluta, según era costumbre en la época.

Al mismo tiempo, el maestro instruye a los niños y jóvenes del pueblo en el arte de los sonidos, formando músicos aficionados para aumentar las filas de la joven banda de música local. Ramón, el mayor de los hermanos, fue Director de la citada banda, según el propio Fortea cuenta en una entrevista realizada en Radio Madrid.

Daniel Fortea manifestó muy pronto su afición a la música: se cuenta que aprendió solfeo y a tocar el clarinete, la bandurria y la guitarra. Ya de mayor aprende a tocar el piano y fundamentos del violín.

Poco se sabe de los años de niñez y adolescencia de Fortea, ignorándose si residió en Benlloch hasta llegado el momento de prestar el servicio militar, que realizó en la misma capital de La Plana. En el cuartel formó parte de la banda militar. Los primeros textos guitarrísticos de que se sirve Daniel Fortea, serán los de Fernando Sor (ilustración), Dionisio Aguado y Napoléon Coste, entre otros de menor renombre.

Con 20 años cumplidos, y precisamente durante su época de soldado, cuando tuvo la suerte de conocer al que sería su gran maestro y quien le marcaría la pauta a seguir durante toda su vida: Francisco Tárrega (foto).

Desde 1898 a 1909 frecuenta a Tárrega, cuyas lecciones y sugerencias recibe en compañía de sus íntimos amigos y compañeros, Miguel Llobet y Emilio Pujol. No solo fueron lecciones técnicas las recibidas de Tárrega sino, también, amor a la música en general, dedicación docente, humanidades…

De esta época tan solo se conservan algunas cartas de Tárrega dirigidas a Daniel Fortea. Una nos da a entender que Fortea dirigía una rondalla en Castellón.

En Valencia, Fortea pasaba temporadas frecuentando una tertulia musical a la cual asistían los mas prestigiosos guitarristas, aficionados y demás amigos curiosos. Las sesiones se celebraban en el estanco del guitarrista aficionad Miguel Loscos, cerca del río Turia, en la plaza del Príncipe. El sistema de reuniones era similar a lo que sucedía en el establecimiento de Léon Farré en Barcelona, a donde acudían a escuchar a Tárrega. Aquí, en el estanco de Loscos, llegó a asistir un niño amante de la música y que luego sería el más prestigioso pianista de los tiempos modernos: José Iturbi.

Al morir Tárrega, Fortea se instala en Madrid siendo resonantes éxitos sus actuaciones en el Teatro de la Comedia, Ateneo y Círculo de Bellas Artes, entre otros. Al mismo tiempo crea su propia academia de guitarra y los fundamentos de lo que habría de ser su famosa «Biblioteca Fortea«, archivo-colección de obras musicales publicadas, preferentemente, para guitarra. Esta magna colección de partituras tendría una especial aceptación y difusión universal sin parangón hasta la fecha.

El amor que Daniel Fortea manifestó en todo momento hacia Francisco Tárrega tuvo su continuación hacia la familia de éste, prestando todo tipo de ayuda y consejo; así lo demuestran algunas cartas y escritos por Francisco, hijo del preclaro guitarrista, desde Barcelona donde trabajaba como administrativo en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal. Unas cartas hacen referencia al interés manifestado por Fortea respecto al estado de salud de su Maestro; otras, agradecen las gestiones llevadas a cabo por Fortea encaminadas a la realización de ciertos actos su honor.

Durante los primeros tiempos de su estancia en la capital de España, Daniel Fortea busca los recitales como aquello muy preciado que ofrece para hacer valer sus virtudes intentando sentar la guitarra en esta plaza, donde Tárrega no prodigó sus conciertos.

Una vez considerado, por múltiples motivos, un madrileño más, y cuando su nombre era archiconocido, Fortea da la impresión de que rehúye las apariciones en público para dedicarse a sus otras múltiples facetas. Los propios Reyes de España manifiestan su deseo de conocerle y escucharle, y a tal efecto se le prepara un saloncito en el Palacio Real (siguiendo las instrucciones o el gusto del propio concertista). Terminado el recital, la Reina Madre, Dª María Cristina de Borbón (ilustración), comentó «Donde está Fortea no hace falta ninguna orquesta«. Esta frase fue muy divulgada y comentada por todo el país. Su Alteza Real, la infanta Isabel, cariñosamente conocida por «La Chata», tuvo en muy alta estima a Fortea. Tanto es así que, cuando coincidían ambos en algún concierto o acto público, D.ª Isabel corría solícitamente a saludar a nuestro artista. También se dice que S.A.R. llamaba cariñosamente a Daniel con el diminutivo de «Forteita«.

Precisamente, cuando se disponía Fortea a ser nombrado profesor de las infantas, ocurrió el advenimiento de la República.

Fue ésta una de tantas y tantas ocasiones en la que el destino dio la espalda a tan genial músico y excelente persona. En 1934 se da un hecho anecdótico en la vida de Fortea: Serafín Ballesteros, quien tendría más tarde gran prestigio por sus estudios de filmación cinematográfica, fue gran aficionado a la guitarra y recibió clases periódicas del Maestro. Serafín queda maravillado al escuchar los «Cuentos Infantiles» compuestos por Fortea. Ya metido en el mundo del cine, Serafín tiene la idea de crear un pequeño guión para la realización de una posterior película. La cinta llevó por titulo «Un Cuento de Navidad«. Aquí, Daniel Fortea es el padre de una niña bellísima; son pobres y llegan las fechas conmemorativas del nacimiento de Jesús; la niña desea unos juguetes que el padre no puede adquirir, pero éste duerme a la niña con el mejor de los obsequios: la música de su guitarra. La citada película es muy corta y de argumento sencillo. Dirige el rodaje José Luis Sáenz de Heredia.

Daniel Fortea, siguiendo el ejemplo de su Maestro, consagra su vida a la guitarra y a enriquecer su propia personalidad; a honrar la memoria de quien tomó clases y ejemplos, interpretando en sus conciertos las obras del venerado guitarrista y viviendo de modo tan similar que parecía una copia exacta. «Fortea parecía un santo«, nos dice Segundo Pastor, añade, muy emocionado: «Cuando cayó enfermo fui avisado y , al llegar, el Maestro me tomó la mano fuertemente y quiso decirme algo…. palabras que no salieron de su garganta o que fueron tan débiles que me resultaron inaudibles«.

El propio Francisco Tárrega Rizo, en Interviú realizado por José del Castillo en «Solidaridad Nacional», de fecha 25 de Marzo de 1950, manifiesta que los dos únicos continuadores del arte de Tárrega fueron Daniel Fortea y Emilio Pujol (foto). También apunta que estos dos grandes de la guitarra han sido los únicos compositores que han aportado su genio creador al repertorio mundial del instrumento con piezas de alto nivel artístico. A partir de los años cuarenta, las apariciones del distinguido hijo de Benlloch son escasas o, por lo menos, no tienen la resonancia de antaño.

Un mal entendido de matiz político implica al Maestro de tal modo que fue detenido y encarcelado injustamente.

En Ocaña escribe bellas páginas musicales de entre las que destaca la celebérrima «Balada», Opus 47, compuesta el 12 de noviembre de 1947 producto de una sublime inspiración musical, poética, espiritual…

Y fue un discípulo de Fortea quien intervino para que la injusticia tuviera fin, consiguiendo que éste fuese puesto en libertad; se trata de Ramón Roncal Gonzalo quien cuenta: «en una de mis visitas a Madrid me dijeron que Fortea estaba encarcelado. Preguntando el motivo, vi que le habían liado ciertos políticos que, con la excusa de escuchar un concierto privado, realizaron una sesión clandestina en su casa. La policía fue enterada y todos fueron detenidos«.

El 5 de Marzo de 1953 muere en Castellón, como consecuencia de una insuficiencia circulatoria aguda, en la casa nº 7 de la calle de Pelayo. La edad que figura en su partida de defunción es de 75 años, lo cual demuestra que nació el 1878.

En el cementerio de Castellón reposan sus restos mortales, tan cerca de los de Francisco Tárrega, que es de suponer mantengan ambos diario, ininterrumpido y eterno coloquio en la paz que Dios otorga a los espíritus sencillos, bondadosos y sabios que supieron caminar en la vida haciendo de la propia un ejemplo a seguir en todos los aspectos.